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Fuente: Cuaderno de Bitácora Estelar

¿Era Stonehenge un observatorio astronómico?

Se han escrito ríos de tinta acerca de Stonehenge, quizás el monumento megalítico más conocido del mundo. Pero, ¿qué hay de verdad en todo lo que se ha dicho? ¿se podían precedir realmente fenómenos astronómicos valiéndose de la alineación de las piedras?... parece que no, y que todas las suposiciones que durance décadas se han hecho carecen de fundamento.

Nuestro conocimiento actual de la Astronomía permite y hace mas fácil descubrir qué sabían del cielo los pueblos antiguos. La disciplina que estudia este campo y se ocupa de la Astronomía que nunca fue escrita como tal, se denomina Arqueoastronomía. Es una rama compleja, ya que los registros de los que se dispone son escasos, y en muchas ocasiones de difícil interpretación. Los estudios y trabajos de campo han de hacerse de forma rigurosa y huyendo de especulaciones que puedan llevar a resultados quizás llamativos, pero totalmente falsos. La Arqueoastronomía hace uso de hallazgos arqueológicos, mediciones in situ y registros antropológicos para estudiar la astronomía de los pueblos primitivos en su contexto cultural, por ello a veces se la denomina  también 'Etnoastronomía'.



El monumento megalítico de Stonehenge (fotografía de Nick White).

Uno de los monumentos megalíticos  más  famosos  del  mundo,  de  referencia obligada, es Stonehenge,  en la llanura de Wiltshire  (Inglaterra).  En  los últimos años, un proyecto británico coordinado por el Servicio  de  Datación Científica del English Heritage ha realizado  un  estudio  riguroso  del monumento y sus alrededores. Los primeros vestigios  de  actividad  son  del Mesolítico, existiendo la posibilidad de remontarse hasta el año  8500  a.C. como inicio de  varios  siglos  de  uso  del  lugar,  y  posteriormente  del monumento tal y como lo conocemos, con fines rituales. El círculo  donde  se enmarca la construcción  megalítica  se  construyó  en  un  periodo  llamado Stonehenge 1, en torno a 3020-2910 a.C.,  de  acuerdo  con  la  datación  de restos de cornamentas, probablemente usadas como  herramientas  de  excavar, enterrados en la zona más profunda de la zanja ( The Ditch , en inglés, en  la literatura que se refiere a Stonehenge). Se tiene  constancia  de  actividad de  construcción  en  otros  dos  periodos  (Stonehenge  2 y 3)  desde aproximadamente  2500  a.C.  hasta  1740  a.C.  Se  han  encontrado  restos funerarios datados en el intervalo 2400-2140 a.C. y más recientes,  que  nos llevan hasta la Edad del Hierro, en 780-410 a.C.

Sobre Stonehenge han corrido  ríos  de  tinta,  muchos  de  ellos  aportando conclusiones demasiado atrevidas sobre un supuesto uso  del  monumento  como observatorio  astronómico.   Por   ejemplo,   Gerald   Hawkings,   astrónomo estadounidense, publicó en 1963, en la revista  Nature ,  y  en  1966  en  un libro titulado 'Stonehenge Decoded', sus resultados de los alineamientos  de las piedras y huecos de Stonehenge. Hawkings propuso  coincidencias  de  165 puntos del monumento con posiciones particulares del Sol y la Luna, y  llegó incluso a proponer que los eclipses lunares se  podían  predecir  utilizando un sistema de piedras móviles que se situaban en los 'agujeros  de  Aubrey', 56  oquedades en el suelo descubiertas en el siglo XVII  por  el  anticuario John Aubrey. 

¿Qué hay de cierto en todo ello? Se supone que si esos descubrimientos aparecieron en Nature , una revista donde es realmente difícil publicar un artículo debido al estricto sistema de arbitraje, algo de verdad debe haber en ellos.

Hace unos meses tuve la oportunidad de charlar con Juan Antonio Belmonte, astrónomo y arqueastrónomo del Insituto de Astrofísica de Canarias, quien me presentó a Clive Ruggles, Profesor  de  Arqueoastronoma  de  la  Universidad  de  Leicester, un auténtico experto en este tema (de pasada diré que ambos, en proyectos independientes están haciendo trabajos de campo en Egipto tratando de determinar con precisión la orientación de los templos para averiguar la motivación que llevó a los antiguos egipcios a contruirlos de una manera dada y no de otra).

El profesor Ruggles me advirtió del peligro de buscar en internet información acerca de temas arqueoastronómicos puesto que, y esto es uno de los inconvenientes de la 'red de redes', los contenidos en muchísimas ocasiones, relativos a este tema, son falsos. También comentó que los estudios de hace unas pocas décadas, como los que hemos comentado, quizás adolencen de algunas faltas de rigor y de extrapolaciones más allá de lo razonable. Me remitió a los estudios realizados por el English Heritage, que he mencionado antes y a sus propios estudios,  publicados en 1999, que muestran que lo más que podemos  decir  es  que  el  eje principal del monumento está alineado, como se muestra en la figura, en la dirección de la salida  del  Sol en el día más largo del año (solsticio de verano) o de la puesta en  el  da más corto (solsticio de invierno)  y  que  quizás  haya  algún  alineamiento lunar,  pero  nada  más.   Incluso   el   alineamiento   solsticial   podra cuestionarese ya que no  existe  otro  monumento  similar  perteneciente  al mismo marco cultural que ayude a corroborar (o rebatir) estas conclusiones. Toda la zona sur de Inglaterra está plagada de monumentos megalíticos, algunos menos conocidos como por ejemplo Avebury, impresionante círculo de piedras.

Si alguna vez tenéis oportunidad de visitar estos monumentos no dejéis de hacerlo.  Su poder evocativo es fenomenal e impresiona imaginarse a los hombres de aquella época construyéndolos.


www.elcielodelmes.com © Vicente Díaz 2007