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Fuente: Astroseti

Dispararán un misil para volar el satélite a la deriva

El proyectil tratará de impactar contra el artilugio antes de que llegue a la Tierra.

Según explicó en rueda de prensa en el Pentágono James Cartwright, vicejefe del Estado Mayor, la decisión de destruir con un misil el satélite se ha tomado por el riesgo que suponen los 200 kilos de carburante tóxico que carga el ingenio.

Ocasionalmente han logrado pasar la atmósfera los restos de naves mucho más grandes, como el tanque de combustible de un cohete Delta II de 255 kilogramos que cayó en 1997 en una granja de Texas en 1997.

El 'L-21' es mucho más pequeño y probablemente se desintegrará totalmente en su colisión molecular con la atmósfera, podría haber algún peligro en el caso de que ese combustible no haga explosión al chocar con la atmósfera, según los científicos.


Un misil SM-3, similar al que se enviará para destruir el satélite © M.D.A.


Los satélites espía se maniobran en el espacio a órbitas bajas para cumplir con las necesidades de la vigilancia militar, y precisan de un combustible altamente tóxico como la hidrazina, de acuerdo con los expertos.

Desde el principio, la propia naturaleza del satélite rodeó su regreso a la Tierra de secretismo. Los detalles sobre el ingenio son material clasificado por motivos de seguridad. Dado que en el pasado varios satélites cayeron a la Tierra sin que fuera necesario destruirlos (los restos que sobreviven a la entrada a través de la atmósfera suelen caer en zonas remotas del planeta por una simple cuestión estadística), tras la decisión de volar este satélite también subyacen motivos militares. "Lo que les preocupa es que algún coleccionista encuentre una pieza, la ponga a la venta en eBay y la compren los chinos", explicó gráficamente John Pike, director del prestigioso grupo de investigación de defensa GlobalSecurity.org.

La operación de destruir el satélite no está exenta de riesgos logísticos y políticos. El misil será disparado desde un buque de la Armada en algún momento de aquí a principios de marzo, que es cuando se calcula que el satélite entrará en contacto con la atmósfera. Está previsto lanzar un solo misil, que debe impactar de tal forma que no haya riesgos de que los fragmentos dañen a otros satélites en órbita ni caigan en zonas habitadas.

Crédito de la imagen: M.D.A.


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